sábado, 25 de marzo de 2017


LA CRÍTICA AMATEUR IV: 1984 DE GEORGE ORWELL




Introducción – Confesión



1984 es uno de esos libros que “todos han leído”, pero que en la práctica sabemos que no tantas personas lo han hecho. Ocurre algo similar con “El Capital” o “El manifiesto comunista”, la gente en general tiene una opinión muy acabada de lo que es el marxismo, pero apuesto a que son muy pocos los que han leído estos libros. Supongo que es lo que pasa cuando el texto, de alguna forma u otra se transforma en un clásico.

Desde ya, confieso que había cometido el pecado nefando de nunca haber leído 1984 (tampoco he visto la película). Conocía bien la historia de Winston Smith y su supervivencia en un Estado Totalitario, el hermano mayor, la “nuevalengua” y todas esas cosas que pasaron a ser parte del folklore popular. Pero precisamente porque conocía la trama, me parecía innecesario darme el tiempo de leer el libro completo… un error que espero no volver a cometer.



1984 tiene pasajes estupendos, personajes atrayentes y una trama que da escalofríos, aparte de ser una potente crítica contra los Estados todo poderosos y como estos suprimen la individualidad del hombre. El problema, es que para hacer este ejercicio de ocio, que es “la crítica amateur”, no puedo andar contándoles obviedades, por lo que me voy a centrar en algunos aspectos particulares.


Que sería de Orwell hoy



Acá viene mi ejercicio especulativo, así que como si estuviera trabajando en el Ministerio de la Verdad, trataré de determinar que sería de Orwell si estuviese vivo.



Uno podría pensar que al aborrecer profundamente los Estados totalitarios, manifestar su disconformidad con la Unión Soviética y exaltar el individualismo, debería inclinarse hacia la derecha, pero lo cierto es que durante toda su vida fue un ferviente social demócrata, aunque crítico del stablishment de la URSS. Pareciera ser que la alternativa del socialismo le convencía al observar las inequidades que trajo consigo la revolución industrial, pero a su vez fue un vocero del individualismo y fuerte contrincante de los Estados que crecen hasta atrofiarse. Me imagino que de ahí viene su admiración por el movimiento anarco sindicalista catalán. Para refrendar lo anterior, miren lo que dice sobre el anarquismo en “The Road to Wigan Pier”: “trabajé en una teoría anarquista en donde todo el gobierno es perverso, que el castigo siempre hace más daño que el crimen y que se puede confiar en que la gente se va a comportar decentemente si tan solo se les deja tranquilos.



Yo, como buen “conservative”, adhiero a lo anterior, lo cual es contradictorio pues ¿cómo podría estar de acuerdo con un socialista? , a su vez, tampoco se desentraña respuesta la hipótesis “que sería hoy de Orwell”. Entonces, vamos a tener que recurrir a artillería pesada, y leer alguno de los pasajes del “manifiesto del Goldstein”, que es el “libro prohibido” por la autocracia Oceánica en 1984 y en donde, a mi parecer, el autor va explicando el modus operandi de todo régimen totalitario. Vean lo que dice sobre el fenómeno que produjo la revolución industrial: “Desde el momento en que hicieron su aparición, pareció evidente para cualquiera que se parase a pensarlo que la servidumbre del trabajo, y por tanto las desigualdades, habían llegado a su fin. Si las máquinas se hubiesen utilizado conscientemente con ese propósito, el hambre, el exceso de trabajo, la suciedad, el analfabetismo y las enfermedades habrían podido eliminarse en unas cuantas generaciones (…)” Si observamos lo que ha ocurrido en los países desarrollados, resulta que lo anteriormente descrito ¡resultó!, y si a su turno vamos concatenando las causas de por qué esos países llegaron a este estadio (tema para otra entrada), reconocemos que en todos ellos existía (hoy por hoy no es tan así) mucha libertad económica. Luego, ¿cómo podría el capitalismo que él denunciaba, a su vez solucionar los problemas que aborrecía? Creo que el punto clave es determinar que es la desigualdad. Hoy por hoy, solo se entiende como aquella que se produce en las rentas de las personas, pero para Orwell la que suponía el principal problema, plantea el mayor desafío, pero que es perfectamente solucionable, era la que se manifiesta en el acceso a bienes y servicios y que por lo tanto redunda en la calidad de vida de las personas. Miren otro pasaje del manifiesto del Goldstein: “En un mundo en el que todo el mundo trabajase pocas horas, tuviese comida suficiente, viviera en una casa con cuarto de baño y nevera, y poseyera un automóvil e incluso aeroplano, la forma más evidente y tal vez más importante de desigualdad ya habría desaparecido. Si la riqueza legaba a extenderse, ya no supondría ninguna diferencia.”



Muchas corrientes políticas siguen creyendo en la sociabilización de medios de producción, bienes y servicios, más allá que no se hagan de la forma violenta en que se planteó en los albores del marxismo, pero esta solución a los problemas de desigualdad era desdeñada por Orwell también, pues comprendía que esto implicaba la ampliación del Estado a niveles que serían perniciosos para las personas y que a su vez, no erradicaría la casta dominante, sino que solo la sustituiría por una mucho peor: la de los burócratas. Por eso escribió: “La nueva clase alta, a diferencia de sus antecesores, no actúo por instinto, sino que supo lo que hacía falta para salvaguardad su posición. Hacía mucho que había comprendido que la única base segura para la oligarquía es el colectivismo. La riqueza y los privilegios se defienden más fácilmente cuando se comparten. La supuesta “abolición de la propiedad privada” que se produjo a mediados de siglo supuso, en realidad, la concentración de la propiedad en muchas menos manos que antes, pero con la siguiente diferencia: los nuevos propietarios pasaron a ser un grupo en lugar de una masa de individuos. De forma individual, ningún miembro del Partido posee nada, salvo algunas pertenencias personales. De manera colectiva, el Partido lo posee todo.”



Tal vez, luego de leer esto, mis amigos de derecha deben estar saltando en una pata, y si, efectivamente me da la impresión que Orwell odiaría las burocracias que ha traído la social democracia, ni hablar del “socialismo del siglo XXI” latino, pero de eso no se sigue que adheriría a los conservadores, a los cuales por cierto, siempre le pareció que carecían de toda afectividad social.



Tal vez, el inglés se asemejaría más a Borges en las postrimerías de su vida, no por nada declaró: “soy un modesto anarquista, creo más en el individuo que en el Estado”, seguramente esta sería su actual ideología: un libertario, un crítico del estado, un defensor de los marginales.



Bonus Track



He puesto muchas citas,  pero resulta que efectivamente el libro es un must así que conviene difundirlo. En particular, aun recuerdo la brutalidad de la Policía del pensamiento, una especie de twitter antes de twitter que buscaba castigar a todo aquel que se salía del consenso establecido.



Parece que las cosas no han cambiado mucho a la época de Orwell, si yo les preguntara: ¿quiénes buscan enconadamente el ensanchamiento del Estado y la abolición de la malvada economía de mercado (neo liberalismo, creo que le apodaron)? Probablemente, se le van a venir a la cabeza algunos personajes que abundan en los diversos medios de comunicación. Ahora miren quienes conforman la “nueva casta dominante” en Oceanía: “La nueva aristocracia estaba compuesta por sobre todo por burócratas, científicos, técnicos, organizadores de sindicatos, expertos en publicidad, sociólogos, profesores, periodistas y políticos profesionales


Todo cambia para quedar igual. Que alguien convenza al tío Andrónico de distribuir este libro gratis mejor, sin duda ese sería un gran aporte a la república.

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