LA CRÍTICA AMATEUR IV: 1984 DE GEORGE ORWELL
1984 es uno de esos libros que “todos han leído”, pero que
en la práctica sabemos que no tantas personas lo han hecho. Ocurre algo similar
con “El Capital” o “El manifiesto comunista”, la gente en general tiene una
opinión muy acabada de lo que es el marxismo, pero apuesto a que son muy pocos
los que han leído estos libros. Supongo que es lo que pasa cuando el texto, de
alguna forma u otra se transforma en un clásico.
Desde ya,
confieso que había cometido el pecado nefando de nunca haber leído 1984
(tampoco he visto la película). Conocía bien la historia de Winston Smith y su
supervivencia en un Estado Totalitario, el hermano mayor, la “nuevalengua” y
todas esas cosas que pasaron a ser parte del folklore popular. Pero
precisamente porque conocía la trama, me parecía innecesario darme el tiempo de
leer el libro completo… un error que espero no volver a cometer.
1984 tiene
pasajes estupendos, personajes atrayentes y una trama que da escalofríos,
aparte de ser una potente crítica contra los Estados todo poderosos y como estos
suprimen la individualidad del hombre. El problema, es que para hacer este ejercicio
de ocio, que es “la crítica amateur”, no puedo andar contándoles obviedades,
por lo que me voy a centrar en algunos aspectos particulares.
Que sería de Orwell hoy
Acá viene mi
ejercicio especulativo, así que como si estuviera trabajando en el Ministerio
de la Verdad, trataré de determinar que sería de Orwell si estuviese vivo.
Uno podría pensar
que al aborrecer profundamente los Estados totalitarios, manifestar su disconformidad
con la Unión Soviética y exaltar el individualismo, debería inclinarse hacia la
derecha, pero lo cierto es que durante toda su vida fue un ferviente social
demócrata, aunque crítico del stablishment
de la URSS. Pareciera ser que la alternativa del socialismo le convencía al
observar las inequidades que trajo consigo la revolución industrial, pero a su
vez fue un vocero del individualismo y fuerte contrincante de los Estados que
crecen hasta atrofiarse. Me imagino que de ahí viene su admiración por el
movimiento anarco sindicalista catalán. Para refrendar lo anterior, miren lo
que dice sobre el anarquismo en “The Road to Wigan Pier”: “trabajé en una teoría anarquista en donde todo el gobierno es perverso,
que el castigo siempre hace más daño que el crimen y que se puede confiar en
que la gente se va a comportar decentemente si tan solo se les deja tranquilos.”
Yo, como
buen “conservative”, adhiero a lo anterior, lo cual es contradictorio pues
¿cómo podría estar de acuerdo con un socialista? , a su vez, tampoco se
desentraña respuesta la hipótesis “que sería hoy de Orwell”. Entonces, vamos a
tener que recurrir a artillería pesada, y leer alguno de los pasajes del “manifiesto
del Goldstein”, que es el “libro prohibido” por la autocracia Oceánica en 1984
y en donde, a mi parecer, el autor va explicando el modus operandi de todo
régimen totalitario. Vean lo que dice sobre el fenómeno que produjo la
revolución industrial: “Desde el momento
en que hicieron su aparición, pareció evidente para cualquiera que se parase a
pensarlo que la servidumbre del trabajo, y por tanto las desigualdades, habían
llegado a su fin. Si las máquinas se hubiesen utilizado conscientemente con ese
propósito, el hambre, el exceso de trabajo, la suciedad, el analfabetismo y las
enfermedades habrían podido eliminarse en unas cuantas generaciones (…)” Si
observamos lo que ha ocurrido en los países desarrollados, resulta que lo
anteriormente descrito ¡resultó!, y si a su turno vamos concatenando las causas
de por qué esos países llegaron a este estadio (tema para otra entrada),
reconocemos que en todos ellos existía (hoy por hoy no es tan así) mucha
libertad económica. Luego, ¿cómo podría el capitalismo que él denunciaba, a su
vez solucionar los problemas que aborrecía? Creo que el punto clave es
determinar que es la desigualdad. Hoy por hoy, solo se entiende como aquella
que se produce en las rentas de las personas, pero para Orwell la que suponía
el principal problema, plantea el mayor desafío, pero que es perfectamente
solucionable, era la que se manifiesta en el acceso a bienes y servicios y que
por lo tanto redunda en la calidad de vida de las personas. Miren otro pasaje
del manifiesto del Goldstein: “En un
mundo en el que todo el mundo trabajase pocas horas, tuviese comida suficiente,
viviera en una casa con cuarto de baño y nevera, y poseyera un automóvil e
incluso aeroplano, la forma más evidente y tal vez más importante de desigualdad
ya habría desaparecido. Si la riqueza legaba a extenderse, ya no supondría
ninguna diferencia.”
Muchas
corrientes políticas siguen creyendo en la sociabilización de medios de
producción, bienes y servicios, más allá que no se hagan de la forma violenta
en que se planteó en los albores del marxismo, pero esta solución a los
problemas de desigualdad era desdeñada por Orwell también, pues comprendía que
esto implicaba la ampliación del Estado a niveles que serían perniciosos para
las personas y que a su vez, no erradicaría la casta dominante, sino que solo
la sustituiría por una mucho peor: la de los burócratas. Por eso escribió: “La nueva clase alta, a diferencia de sus
antecesores, no actúo por instinto, sino que supo lo que hacía falta para
salvaguardad su posición. Hacía mucho que había comprendido que la única base
segura para la oligarquía es el colectivismo. La riqueza y los privilegios se
defienden más fácilmente cuando se comparten. La supuesta “abolición de la
propiedad privada” que se produjo a mediados de siglo supuso, en realidad, la
concentración de la propiedad en muchas menos manos que antes, pero con la
siguiente diferencia: los nuevos propietarios pasaron a ser un grupo en lugar
de una masa de individuos. De forma individual, ningún miembro del Partido
posee nada, salvo algunas pertenencias personales. De manera colectiva, el
Partido lo posee todo.”
Tal vez,
luego de leer esto, mis amigos de derecha deben estar saltando en una pata, y
si, efectivamente me da la impresión que Orwell odiaría las burocracias que ha
traído la social democracia, ni hablar del “socialismo del siglo XXI” latino,
pero de eso no se sigue que adheriría a los conservadores, a los cuales por
cierto, siempre le pareció que carecían de toda afectividad social.
Tal vez, el
inglés se asemejaría más a Borges en las postrimerías de su vida, no por nada
declaró: “soy un modesto anarquista, creo
más en el individuo que en el Estado”, seguramente esta sería su actual ideología:
un libertario, un crítico del estado, un defensor de los marginales.
Bonus Track
He puesto
muchas citas, pero resulta que
efectivamente el libro es un must así
que conviene difundirlo. En particular, aun recuerdo la brutalidad de la
Policía del pensamiento, una especie de twitter antes de twitter que buscaba
castigar a todo aquel que se salía del consenso establecido.
Parece que
las cosas no han cambiado mucho a la época de Orwell, si yo les preguntara:
¿quiénes buscan enconadamente el ensanchamiento del Estado y la abolición de la
malvada economía de mercado (neo liberalismo, creo que le apodaron)?
Probablemente, se le van a venir a la cabeza algunos personajes que abundan en
los diversos medios de comunicación. Ahora miren quienes conforman la “nueva
casta dominante” en Oceanía: “La nueva
aristocracia estaba compuesta por sobre todo por burócratas, científicos,
técnicos, organizadores de sindicatos, expertos en publicidad, sociólogos,
profesores, periodistas y políticos profesionales”





